Hay un silencio hondo en la profundidad de todo cuanto acontece, la realidad en esa
profundidad está muy quieta, desde esa quietud brota el movimiento, desde ahí nace toda
clase de vida.

En la base de la existencia nada ocurre, hay como un algo inafectado, como una realidad vacía
de la que toda forma emerge, de ahí surgen los contenidos; pero hay algo como ausente en lo
profundo, y a su vez presente todo el tiempo, de forma estática, ingrávida, imperturbable.
Como una atestiguación milenaria que ve pasar el tiempo, desde lo eterno inmutable.

La pantalla del cine siempre está en el mismo lugar, en ella se proyectan las comedias, los
dramas, las aventuras y las películas de ciencia ficción, vemos guerras, muertes, asesinatos,
misterios, romances, crímenes, terrores, …infinitas escenas con innumerables personajes.
Cuando volvemos al mismo cine, encontramos la misma pantalla, vacía hasta que las escenas
aparecen.


La realidad sería como esa pantalla cósmica, que ve pasar generaciones, épocas, historias,
especies, nacimientos y muertes en todos los rincones del planeta, y con toda la variedad de
paisajes revestidos con diferentes ropajes.


Ella es la única que no se va, todo lo demás desaparece. Nosotros somos un personaje más del
escenario de la vida, estamos aquí y en esta forma, mientras dura la película, luego nos vamos,
pero la pantalla sigue, proyectando nuevas formas ilimitadamente.


Tal vez nosotros seamos más pantalla que personaje, tal vez solo ha nacido una apariencia y la
muerte sea inexistente.