No vemos la realidad tal cual es, porque constantemente le añadimos un significado a lo que
ES.


Toda interpretación proviene de un filtro concreto, y cada filtro nos hace ver la realidad de
una forma u otra, no hay ser humano que tenga el filtro vacío de contenido, normalmente
tiene una pluralidad de filtros en su retina, que le condicionan la mirada.

Esos filtros crean una distancia, es como un muro que se levanta y nos separa de la realidad
que está siempre abierta, es una separación ilusoria porque nunca hubo tal distancia.
Según sea nuestra condición social, nuestras experiencias pasadas, nuestra genética,
circunstancias, entorno, cultura, país, ideología, así será la realidad que vemos.


Para que los filtros vayan cayendo, hemos de adentrarnos más allá de las apariencias de
sujeto, es decir, hay una realidad que es transpersonal que se muestra completa en la
presencia del puro presente, esa realidad no contiene los filtros de lo que creemos ser.
Lo anterior se borra en ese lugar.


Aquellos que se quedan pegados a su condición humana, se quedan aferrados a una piel, y esa
por desgracia está muy condicionada, con un alcance de percepción muy limitado; poca salida
hay desde ese prisma particular.
Para alcanzar un prisma no personal se ha de estirar la piel mucho más allá, y en ese “más allá”
nos topamos con que tenemos la piel existencial, la única capaz de ofrecernos una vida sin
condicionar.