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¿Cómo saber lo que hemos venido a SER?

    Muchos nunca se hacen esta pregunta, simplemente viven sus días, en pareja o solos, en familia o no, en trabajos que no les aportan mucho más que un sueldo a fin de mes, días laborables, fines de semana, vacaciones, celebraciones….

    Y después de todo eso, un  día de repente zas, y ya te has ido.

    No es muy largo el paso por esta vida, a mí me cuesta creer que todo este despliegue de ser seres humanos, sea para tan poco.

    Creo que hay una razón de SER para cada individualidad concreta, que a través de ella el universo se conoce a sí mismo y el individuo se despliega en toda su totalidad.

    Esa razón se descubre en la soledad, en el silencio, en el diálogo íntimo con nuestra propia verdad, ahí descubrimos lo que ES a través nuestro, y ese descubrimiento es lo que realmente nos hace sentirnos VIVOS, plenos y completos.

    Fuera de eso, vamos como a la deriva, consumiendo días y experiencias pero sin un hilo conductor que recorra nuestra verdad más íntima.

    Ese consumo tarde o temprano nos satura porque no nos sacia, más bien nos distancia de lo que somos, y en esa distancia vamos dejando de SER poco a poco.

    Es triste irse de esta forma física sin haber explorado lo que realmente SOMOS, y habernos quedado a las puertas de nuestra verdad más honda.

    No sabemos de antemano, “eso” que somos, esa semilla que portamos va dando fruto conforme la vamos regando, no antes, se va desarrollando conforme la vamos viviendo.

    Requiere de nosotros una fidelidad, en tiempo y energía, si no le dedicamos tiempo a “eso” que somos, no crece, ni se desarrolla, nos necesita del todo para ser completa.

    La guía para conocer “eso” que nos habita, se da en un contacto íntimo con quienes somos, nuestro anhelo más profundo, aquello que nos es muy natural hacer, que se da en nosotros, casi sin nosotros, lo que nos conmueve, lo que nos hace vibrar por dentro, lo que nos da paz, esa armonía serena, aquello que nos alegra profundamente.

    En eso más íntimo damos respuesta a lo más universal.

    Es como un rayo de luz que atraviesa nuestra alma desde dentro, quien ha sentido el roce de esa luz, no tendrá dudas.

    Quien ha experimentado la fuerza de esa luz, no podrá no ponerse al servicio de ella, y no por un ejercicio de voluntad, sino porque algo le impulsa desde dentro y le lleva a donde ni siquiera sabe que va.