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Del individuo al colectivo

    En IXILEKU funcionamos en colectivo, esto supone continuamente poner la ATENCIÓN en
    aquello que nos une, más que en lo que nos separa.
    Sólo así podemos comprendernos y cocrear juntos, sin esta atención constante, los individuos
    terminamos creyendo que la forma individual es la única forma de funcionar.
    Es en el SILENCIO, donde este colectivo, encuentra la FUENTE de inspiración y el descanso más
    existencial.
    Nos recordamos una y otra vez en ese estado silenciado, que somos más allá de las
    apariencias, que somos mucho más de lo que creemos ser, y que esencialmente somos
    bondad de corazón.
    Cuando nos sentamos a meditar juntos, se genera una energía colectiva cuya irradiación es
    exponencialmente mayor, que cuando nos sentamos por separado.
    Muchos con una intencionalidad amorosa común, acabamos generando un campo alrededor
    de alta frecuencia acorde con esa misma vibración, y todo esto se expande y se contagia más
    allá de los contornos concretos en los que ese silencio se genera.
    La intención y la atención, crean realidad, y esta es la REALIDAD que anhelamos CREAR.
    En colectivo sentimos que SOMOS mucho más allá de lo que somos como individuos aislados,
    en el roce nuestros egos se van puliendo, y nuestros excesos corrigiendo, y esta es la apuesta
    de esta forma concreta, entendiendo que hay otras muchas formas.
    Observamos constantemente aquello que no fluye en nosotros y que supone fricción, para que
    la energía común una y otra vez vaya al centro y no se desvíe por derroteros
    autoreferenciados, que nos separan del resto y nos hacen olvidar el motivo por el que estamos
    juntos.
    Descansamos en el instante, como oportunidad renovada para dejar el pasado atrás, y nacer a
    lo nuevo segundo a segundo, abrazando e integrando todo cuanto nos ocurre y ocurre, como
    parte del devenir del ir siendo el cambio que anhelamos ver en el mundo.
    Nuestras células particulares van de la mano con las células del universo, son hechas de la
    misma sustancia planetaria, todo forma parte de lo mismo, y en “eso mismo” nos encontramos
    todos.
    El taller que más nos asienta es el gran taller de la VIDA, ella nos muestra aquello que
    necesitamos cada instante para SER.
    Hay un VACÍO fértil en cada uno de nosotros, y en la profundidad del universo que nos
    conecta, nos mueve, nos impulsa y nos vive. Ese vacío está profundamente colmado, es
    absolutamente pleno y está habitado por todo cuanto existe, en ese vacío descansamos y ese
    vacío es generador de un AMOR incondicional que nos transforma constantemente,
    radicalmente y de raíz.
    De ese manantial bebemos sorbo a sorbo todo lo que incansablemente derrama, es la fuente
    más eterna, la que sacia nuestra SED de SER en plenitud.
    Sentimos que la EXISTENCIA posee un mecanismo autoconsciente y autoregulador que nos
    alinea constantemente hacia su eje, y cuando le dejamos a ELLA ser en nosotros, funcionamos
    incomparablemente mejor.
    Sentimos que ELLA ama todo cuanto crea, y desde ese AMOR hacemos todo cuanto hacemos,
    y somos quienes realmente SOMOS.
    Hay un espacio que está más allá del tiempo, del espacio y del “Yo”; pero a su vez hay una
    individuación concreta en estas coordenadas espacio-temporales que ha de mantener los dos
    pies bien anclados en la tierra, y descubrir por sí misma, su real sentido de ser en esta forma
    particular y no en otra, siempre para el beneficio de la humanidad, sino, tiene poco sentido
    todo este despliegue de SER, seres humanos.
    Somos una especie más entre otras muchas, y hemos de ir juntos en esto de VIVIR, que es
    mucho más que simplemente vivir.

    Somos aprendices de seres humanos, vamos siendo conforme vamos viviendo, explorando
    siempre esta condición humana o transhumana que nos fascina; es una pasión saber cuáles
    son las posibilidades infinitas que se nos muestran instante a instante en este macro universo
    de dimensiones ilimitadas.
    Muchos ropajes que nos han vestido en otro tiempo, se nos han caído, no porque los hayamos
    quitado de nuestros cuerpos voluntariamente, sino sencillamente porque se han desprendido
    solos, conforme nos hemos ido adentrando.
    No podemos afirmar nada con absoluta certeza, hemos de asentarnos en el cambio continuo y
    en el movimiento constante.
    Las verdades férreas no nos llevan más que a construir fronteras y son fuente de conflicto y
    separación, esta flexibilidad no quiere decir superficialidad, nada más lejos de la realidad;
    porque las raíces de la existencia son muy profundas si se alcanzan.
    No tenemos ideología definida, ni seguimos a nadie porque entendemos que nadie sabe de
    nuestros instantes particulares, la VIDA acaba gravitando para nosotros aquello que es
    nuestro, así nos ha creado.
    Estamos al servicio de lo que ELLA nos va manifestando, porque la EXISTENCIA tiene la
    información global, la nuestra es siempre pequeña y parcial.
    Lo que hoy es válido, mañana deja de serlo, hemos de estar muy abiertos y desapegados, para
    no aferrarnos con uñas y dientes a verdades del pasado que ya no nos nutren, que ya no son
    alimento para el hoy y para los nuevos seres.
    Requiere la exploración una indagación muy profunda y un discernimiento muy sutil.
    El viaje de la vida, es sin duda personal e intransferible, nadie puede caminar con tus zapatos,
    ni respirar a través de tus pulmones; pero sin duda el hacerlo en colectivo le da una fuerza, una
    profundidad y un alcance, que solos no alcanzaríamos.
    En definitiva toda la especie y las otras especies, los otros y lo otro, formamos un mismo y
    único COLECTIVO, que no distingue ni procedencias, ni ideologías, ni pertenencias, ni
    diferencias….en ese COLECTIVO mayor, global y universal es en el que realmente descansamos,
    y a él nos debemos.
    La REALIDAD no está parcelada, no hay fragmentos en lo que ES, así que no tiene sentido
    entrar en pugnas ni en competencias por la VERDAD, más bien se trata de conspirar juntos por
    una VERDAD mayor que la de nuestros intereses particulares, para una nueva humanidad, en
    la que cada vez quepa más cantidad de realidad.
    En esa pertenencia global, cada uno desde su particularidad entrega con total generosidad, lo
    que mejor sabe hacer, lo que le brota de forma más natural, lo que la VIDA le hace verter,
    nada es propio, todo es dado para darse, ahí se genera el ciclo completo.
    Sólo así nos aportamos todos a todos en profunda sintonía con lo que ES.