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Doctor Strange

    Hay veces que las películas, más allá de las escenas y los personajes, nos conducen a un lugar que desconocemos, nos permiten vislumbrar atisbos de otra cosa que no somos capaces ni de nombrar; pero algo, muchas veces sin saber muy bien de qué se trata, nos resulta familiar.

    Para que alguien ponga en escena “algo”, antes ha rozado ese “algo” y lo intenta plasmar con todos los medios a su alcance para llevarnos a experimentar otra realidad.

    Hoy quiero traer aquí esta película y compartir con todos vosotros lo que me ha atravesado.

    Veo como dos vidas completamente opuestas en un mismo personaje: el protagonista, el Doctor Strange, está completamente identificado con su profesión, es excelente como médico y tiene toda la fama que podía desear, ha llegado a la cumbre del éxito profesional.

    Su valor está puesto en su trabajo, su poder es su valía y depende de sus manos para ejercer ese poder, su ego está muy inflado, su arrogancia y su soberbia le hacen sentirse Dios.

    Hasta que tiene un accidente de coche, normalmente estas tragedias suelen ser un punto de inflexión entre dos formas de vida, un antes y un después en la percepción de la realidad.

    Sus manos quedan destrozadas, sin ellas la vida queda sin asideros; ya no es doctor, sin el trabajo la vida pierde significado, se acabaron la fama, el dinero, el poder.

    Está claro que no somos ni el cuerpo, ni la profesión, ni el trabajo … .pero sin todo ello, se siente destrozado, no sabe quién es en realidad.

    Esto nos habla de que si depositamos la identidad fuera, nos quedamos sin “nada”.

    En ese fondo oscuro, en esa pérdida radical, se abre un portal hacia otra nueva vida.

    La búsqueda se convierte en vital, no tiene nada que perder porque ya lo ha perdido todo y está claro que necesita curarse.

    Sin llegar a esos extremos, normalmente no buscamos otra realidad del SER, nos quedamos pegados a la vida material, y más si esta nos va bien.

    Esta película también muestra la pequeñez humana frente a la dimensión espacial, el universo es infinito y desconocemos sus misterios, no estamos entrenados en nuestras facultades más amplificadas, hay una realidad desconocida en la vasta existencia y no tenemos acceso a ella porque no nos adentramos, y en la superficie no se encuentra.

    Sólo caminando, se van dando los siguientes pasos.

    Andar, andar, pasar y atravesar, sin todo ello, los nuevos paisajes no se nos muestran para ser recorridos.

    Cuando se cruza el umbral de esa inmensidad, ya no hay vuelta atrás, otro paisaje se ha abierto y ya no se puede cerrar, se ha de ir hasta el final.

    El precio que se paga es muy alto, soltar al ego y dejar atrás la zona de confort es muy doloroso, solo los valientes llegan a conocer los secretos más profundos.

    Para adentrarse en otra realidad ha de olvidar todo cuanto cree saber, vaciar completamente la mente para llenarla de lo totalmente otro, y poder así conectar con la energía del código fuente.

    Hay una forma de reprogramación celular, esta se alcanza cuando el espíritu se ha reorientado y se puede curar el cuerpo; fortalecer el espíritu requiere de estudio y práctica.

    No es fácil mutar a otra posibilidad en esta misma forma humana, hay que estar muy reenfocados, una y otra vez al centro, para dejar de mirar la vida por una cerradura, la visión ha de estar amplificada, pasar a mirar con los ojos del universo para ser el propio universo.

    Hay un lugar donde podemos ver nuestro cuerpo desde fuera, la dimensión astral, en ese lugar el alma está separada del cuerpo, es el origen, de ahí venimos, ahí regresamos cuando este cuerpo ya se ha ido.

    En la raíz de la existencia la mente y la materia se encuentran.

    En el universo hay infinitos mundos que desconocemos, la luz  y la oscuridad habitan en ellos, la oscuridad tiene hambre y esas energías famélicas tienden a devorarnos por dentro; no es fácil permanecer en la luz, SER LUZ requiere mucho enfoque; y el enfoque requiere coraje y atención consciente y constante.

    Hemos de tener claridad en la imagen, cuanta más claridad, más claro se abre el portal.

    Nos habla de la importancia de la rendición, sin rendirnos a esa inmensidad no avanzamos, no tenemos el control de nada, es la VIDA la que tiene el control, no podemos controlar el río, hemos de fluir con el flujo de su corriente, hacernos uno con sus aguas, sin poner resistencias.

    Solo silenciando el EGO, el poder surge.

    Al inicio del viaje, él pensaba curar sus manos; pero se encuentra con una realidad infinita, hay un momento en el que tiene que tomar una decisión: o yo o la humanidad, y se pone al servicio de algo mucho mayor que él mismo.

    Esto nos lleva a pensar en si nuestra vida está auto referenciada, es para sí consigo misma o está al servicio de la humanidad, ésta sin duda, es otra clase de VIDA, otra entrega, con dimensiones infinitas y con repercusiones ilimitadas.

    Existe un poder inmenso  en el universo, una fuerza arrolladora en el fondo de la existencia, somos muy pequeños frente a ese TODO, pero fluyendo con ese TODO, accediendo a ese código fuente, podemos ser otra clase de humanos en estos cuerpos aparentemente estrechos.

    SOMOS mucho más de lo que creemos SER.

    Entre el dentro y el fuera la distancia es ilusoria, solo desde el interior se abren los portales de la existencia.

     Fortaleciendo el espíritu, SOMOS.