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La Pesadilla

    La mátrix la construyen los códigos, y los códigos crean muros de separación, entre lo que mostramos y lo que realmente somos, se levantan bloques de cemento y hormigón. No es fácil desmontar lo creado,  muchos años construyendo lo que parece ser que somos, no es sencillo dejar atrás lo que ya no nos sirve y salir de la comodidad de lo conocido.

    Nos da seguridad la tierra firme, lo acotado, lo que nos define, da miedo explorar lo no transitado porque no sabemos a dónde nos conduce, ni quienes  seremos fuera de lo que venimos siendo.

    No es fácil ser auténtico, no es fácil deconstruir lo falso, las grietas entre los muros solo se abren al límite del hartazgo, si no hay sensación de más de lo mismo, de bucle sin sentido, no cruzamos el umbral que nos permite acceder a lo otro, al siguiente paso, y esto solo se da cuando el anterior territorio está del todo recorrido, ni antes ni después, solo en el exacto punto donde el universo abre la puerta para habitar otro paisaje, que ni lo elegimos, ni lo definimos, nos alcanza cuando lo de atrás ya no nos define.

    Todo se abre cuando la VIDA lo decide, y nos lo muestra cuando las condiciones personales están aptas para reconocer la muestra, nunca antes; porque en el antes no hay posibilidad de ser bien recibido, ni siquiera entendido.

    La VIDA nunca ofrece más de lo que nuestros hombros puedan sostener, no tendría sentido lo contrario.

    Muchas veces la adversidad es la clave, la pesadilla es la palanca, sin ellas no reaccionaríamos, no identificaríamos un posible cambio de escenario; esas son las fisuras que se abren en el grosor de esas paredes, por ahí se cuelan rayitos de luz que son los vislumbres.

    Al inicio son solo tenues expresiones de lo que está por llegar, que se van amplificando según nos vamos atreviendo a descifrar, en el adentramiento cada vez se nos muestra más cantidad de realidad, pero para el que no se adentra, no se da.

    Si cuando estás leyendo estas líneas, estás al límite de tu sufrimiento, tómalo como una oportunidad, para dejar atrás lo que es de atrás, y saltar hacia otra posibilidad, una nueva realidad que signifique el brillo que portas y lo muestre mucho más.

    Si estás en ese derrumbe personal, aférrate al hilito que se deja ver por  la grieta, aunque sea una luz muy frágil, aunque parezca irreal, esa es la señal.

    Hay un sentido para cada posibilidad, no hemos sido creados para vivir entre códigos asfixiantes, hay una realidad que te espera tras esos muros que te has construido.

    Sólo si permites que todo se desmorone, te encuentra lo que es más tuyo, si te aferras a lo conocido, seguirás en un más de lo mismo.

    Atrévete a testar tu vida en este instante, a lo mejor está desbordada y ya es todo del todo inaguantable, si este es tu dolor, si es este tu momento, no dudes en que es un privilegio, algo estás viendo que antes te pasaba desapercibido, algo se está resquebrajando.

    Si realmente identificas que ese es tu momento, no te anestesies, toma la realidad de frente y atrévete a desmontar, lo desmontable, dando un paso hacia adelante.

    Coge las riendas de tu vida, sin dopajes, mantente sobrio, y decide qué es lo que sientes que la VIDA quiere hacer contigo, no te acobardes, confronta lo que haga falta, solo así la verdad de lo que eres, tras derribar los muros de lo que no es, lo que ES, te encuentra.

    Pero no olvides que has de atravesar todo aquello que sientes que no encaja.

    Conocerte en profundidad y mirar al espejo de tu alma con honestidad, es la fisura de la grieta que te catapulta a tu gran posibilidad, sin un paso al frente, recuerda, no se va a dar.